Por el Lago Poopó y Uyuni: la Amazonía en peligro
(Alonso Pérez Ojeda, Amazonía para el Mundo) Salí de Oruro con la idea de hacer una parada en el lago de Poopó. Llevaba conmigo anzuelos y sal para salar pescado y así obtener algo de proteína extra en lo que quedaba de camino a Uyuni. El escenario no resultó como yo esperaba. En primer lugar, el lago ha venido siendo contaminado por la minería durante muchos años. Las aguas que vienen con material contaminante desde los cerros de Pazña y Challapata han modificado el ecosistema, perjudicándolo. ¿Qué opinan los colegas forestales que actualmente trabajan en minas? ¿Se está teniendo en consideración los pasivos ambientales de esta actividad en los lugares donde trabajan?
En segundo lugar, algunas personas manifestaron que en esta época que el río esta “cargado”, es difícil la pesca en el lago. Chiquitos están saliendo, casi nadie está sacando. En agosto, septiembre se saca algo…Conocimiento ecológico ocal, le dicen. Para la próxima compro mi lata de atún.
Seguí hasta Pazña en donde encontré una comitiva experimentada de ciclistas – Kilo (9), su hermano (6), Cristian (14), y el “fotógrafo” (11)- quienes improvisaban avezadas piruetas desafiando la gravedad y dejando tirando cintura al más pintado. Pazña es de esos pueblitos del altiplano detenidos en el tiempo y con ese tipo de plazas donde un puede relajarse viendo el atardecer entre frondosos alisos o simplemente echarse a contemplar la luna inalcanzable en una noche fría que tiene ojos azules.
La proyección del video y la charla en la Unidad Educativa de Pazña ha sido una de las más gratificantes hasta ahora: las preguntas de los alumnos, su compromiso y actualidad por lo que está pasando en el pueblo, el apoyo de la profesora de Ciencias Naturales, entre otras cosas, hicieron que me vaya de Pazña con una sonrisa de oreja a oreja y con mas energías que nunca.
Luego de 50 km. llegué a Santiago de Huari que me recibía con campos inacabables de quinua roja y amarilla, y con el lago de Poopó al fondo lo que le daba un marco espectacular. Como de costumbre, conversé con el director de la U. E., quien luego de presentarme en la formación ante los alumnos y maestros, fue mandándome promoción tras promoción donde yo esperaba listo con el equipo audiovisual. Fue sin duda una tarea agotadora puesto que recibí 300 alumnos desde 1ero hasta 8avo (adaptando mis métodos y variando el discurso según las exigencias). Los menores se quedan fascinados viendo la fauna amazónica, los ríos, etc. Con los mayores discutimos un poco más sobre problemas como la deforestación que se está dando en Pando y Beni, causadas por la expansión de la frontera agrícola (sobre todo para soya), ganadería, tala ilegal y migración.
Uyuni, Uyuni. Llegué a Colchani el miércoles por la tarde, luego de una maratónica jornada desde Río Mulato. La trocha, tal como lo predijo el llantero de Huari, era una desgracia. Lo primero que hice fue preguntar donde esta el salar y aproveché esa tarde como las siguientes para relajarme viendo algunos de los atardeceres mas increíbles que he visto. Tomaba mi bicicleta y recorría los 5km. que hay de distancia entre el pueblo de Colchani y la entrada del salar.
En esta época, el salar recién esta secando por lo que es posible entrar pero solo a algunas partes. La gente comenta mucho de que entrar en esta época es peligroso debido a la posibilidad de perderse. Varios han quedado ahí nomás. El salar ese engañoso, dicen.
Mi primera intención era tomar el bus –dado que no podía recorrerlo en bicicleta- que iba hacia Llica cruzando el salar, para poder así bajarme en la isla de Incahuasi y acampar (a 78 km. de Colchani y en medio del salar). Está prohibido amigo, entiende, me decía el chofer.¿Si te pasa algo?, la policía siempre esta controlando. Fusilada esta primera opción, me quedaban 2: tomar el servicio turístico (150 Bolivianos) y entrar en camionetas 4×4 como lo hace la mayoría de extranjeros que vienen a conocer el salar (al día entran cerca de 200 camionetas) o entrar con los que trabajan sacando sal del salar. Opté por esta ultima opción debido a que muchas veces los servicios turísticos por los que uno paga suelen ser una “burbuja” de la realidad. Las camionetas entraban, tomaban fotos, daban una vuelta por Colchani y se iban. Entrar con los saleros en cambio, me permitía conocer y palpar la realidad del día a día del salar. Claro está, además de ganar unos bolivianos.
Sr. Perú, mi tío Javier ahora en la tarde va entrar, me dijo Ever. Un alumno de la escuela donde di la charla. Pactado el asunto, partimos rumbo al salar. Unos 200 quintales cargaremos ahora en la tarde, me dijo el tío. Ya bacán, pensé. No había terminado de sacar bien la cuenta (1 quintal= 50 kilos) cuando ya estábamos lampeando sal y compartiendo algunas hojitas de coca para la energía (básica). Fue un trabajo difícil pero reconfortante en el sentido de poder compartir esa experiencia con la gente local, el atardecer dentro del salar, las historias y las bromas fueron el mejor paliativo para el cansancio.
Al día siguiente se corrió la voz de que había trabajado parejo (Colchani es un pueblo pequeño) y me jalaron para llenar un “Volvo”. Todo iba bien hasta que…Amigo no hay gente, todos han salido. Solo estas tú con otra persona más. Este volvo tiene capacidad para 400 quintales. ¡Ahí esta tu gracia Alonso! ¿Qué va ser?, pensé por un momento. Pero caballero había que poner el hombro ante la adversidad… Y sin hombros, y sin espalda me quedé luego de 5 horas. Cada lampa disminuía su carga, cada vez hacia menos efecto la coca, cada vez el sol te quería convertir más en charqui, y cuando escuché: Listo, ya está. Voy a tapar y cerrar la carga. Ya solo podía pensar en ir en busca del chicharrón de llama de la señora María. Sin duda, fue algo de lo más extremo físicamente hablando en lo que va del viaje. Sin embargo, la experiencia es indeleble y sirvió además para ganar unos bolivianos que alcanzarán para cubrir lo que resta de la etapa en Bolivia.
El salar es pura magia y belleza, pero hay que respetarlo. Tiene espíritu, me decía Don Calixto – otrora pisador de coca para “producción”- mientras compartíamos un chicharrón de llama. El hombre del salar carga sal por naturaleza.Como alguna vez escribió mi viejo en relación al Cusco, aquí la figura es similar: Para los ojos del turista el salar es un lugar, una fotografía o un souvenir. Para la gente local, aquellos que arañan la sal, viven y conviven diariamente con él. Para ellos, el salar es vida… o muerte.
Gracias al Sr. Manuel, director de la U.E. de Colchani y a mis alumnos. A don Julio y Doña Mercedes por alojarme en la Iglesia. Y, en especial, a los compañeros de trabajo en el salar quienes me enseñaron el oficio de la sal. Esa gente que la lucha diariamente por unos bolivianos pero mantiene siempre una alegría y espíritu inquebrantables.
Alonso Pérez Ojeda del Arco, forestal por la UNALM, etnozoólogo y apasionado de la Amazonía se encuentra realizando un viaje en bicicleta por el Alto Perú (Bolivia) que lo habrá de llevar hasta el Chaco, al sur extremo de nuestro continente. Durante su peregrinaje otorga clases de Amazonía a quien lo quiera recibir, así como proyecciones de fotos y videos sobre este ecosistema en colegios y escuelas rurales. Su proyecto, Amazonía para el Mundo, nos fascinó desde que lo conocimos gracias a una carta de de Matías, su hermano mellizo, molinero como él y también amigo de esta revista y sus sueños. Lo vamos a seguir en la ruta: