respeta al almirante

Javier Diez Canseco, hasta la victoria final...

Publicado: 2013-05-06

En la universidad los amigos de entonces estaban seguros de que era miembro de Vanguardia Revolucionaria, uno de los tantos grupos políticos en que los se había fraccionado la izquierda peruana antes de Alfonso Barrantes e Izquierda Unida. No era verdad, entonces como ahora carecía de militancia, era un independiente, alguien sin filiación fija. Para decirlo en palabras de un compañero de esos años aurorales, era un diletante. Un pequeño burgués jugando a hacer revoluciones.

No me corro del apelativo. Finalmente, mi formación política estaba llena de fisuras, era por decirlo de algún modo una coladera. En el colegio donde había estudiado, flameaban las banderas de un liberalismo afrancesado que rozaba, en lo sustantivo, con los aires nuevos del segundo belaundismo. Finalmente el arquitecto-presidente se había formado en esas mismas aulas y había leído con fruición, estoy seguro, al primer Riva-Agüero y los textos de Víctor Andrés  Belaunde, dos recoletanos que entendieron, antes que otros, que este país injusto es una promesa, también una posibilidad.

Digamos que ese era mi arsenal ideológico. Vamos, también ocupaba espacio en esa faltriquera juvenil un poco de Haya de la Torre de El Antiimperialismo y el Apra, cientos de frases e imágenes de Ciro Alegría, López Albújar, José María Arguedas, también algo de una letanía velasquista que mi abuelo nacido en Arica, irredenta y perdida para siempre, había puesto en el andar de un jovenzuelo que se iniciaba en la vida adulta en medio de las discusiones de la Asamblea Constituyente y el surgimiento de Sendero Luminoso.

En esa confusión formativa escuché por primera vez a Javier Diez Canseco, un huracán de poco más de treinta años de edad que hablaba de revoluciones y mundos por construir, un implacable crítico del sistema, un iconoclasta capaz de encender hogueras y despertar de la inconciencia a los espíritus más dormidos.  Y desde entonces he mantenido firme  mi “militancia” a ese jacobinismo que supo expresar y tanto bien nos hace como colectivo; a esa manera tan frontal de decir las cosas, sin eufemismos ni  medias tintas; a esa forma tan suya de entender la política y el compromiso con el futuro.  Javier Diez  Canseco fue una luz brillante, encendida siempre en medio de la oscuridad de los días y la agonía de las ideologías. En un mundo que perdía los paradigmas, el que sostuvo Diez Canseco hasta el último día de su vida ejemplar y ejemplarizadora jamás se dejó vencer por los cantos de sirenas de la reacción y el fin de la historia. Por eso estuve cerca al sueño de la UDP, al de la izquierda unida con Frejolito y  los demás compañeros del socialismo peruano, por eso no renegué del PUM y de la refundación del Partido Socialista; por eso es que he votado desde que puedo hacerlo por su opción, que tuvo siempre la claridad de su discurso y el filo de su arrebato, de su sempiterna rabia contra la corrupción, las injusticias y los abusos de los de siempre.

Larga vida al sueño de Javier Diez Canseco, un hombre bueno, consecuente, perseverante en sus ideas, habitante de esa patria con la que soñamos todos los días, la del Amauta, la de Alberto Flores Galindo, la de los niños del hospital San Juan de Dios que se levantan cada mañanita para pisar con fuerza esa tierra que debiera ser para todos y que suele ser áspera y doliente para las mayorías. Hasta la victoria final, compañero Javier Diez Canseco…

Soy Guillermo Reaño, dirijo la revista Viajeros y el blog Solo para Viajeros. Todos los lunes entrevisto a mis amigos en Solo para Viajeros TV por lamula.pe.

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